jueves, 13 de agosto de 2009

Congelado

Llueve afuera, mientras sobre el colchón tus mentiras siguen cayendo como el granizo. Pero yo, tan tonto y tan inútil, soy incapaz de odiarte y de olvidar tu paso por mi vida, ahora congelada.

Mi vida hasta hace un segundo llena, como un vaso repleto de agua que una última gota ha logrado derramar sobre la mesa… y ahora ya no queda nada.

Te has ido hace solo un minuto y tus huellas son escarcha sobre el suelo de esta casa plagada de recuerdos de ti, pero ahora todo está empañado y no me deja ver que aunque sienta frío, en realidad hace calor.

El vendaval de tu portazo, el no saber de ti… ha pintado mi mundo de gris.

Afuera el aire ha levantado los pedazos de la carta que escribí y los ha esparcido por el cielo de Barcelona. Mientras un huracán en mi corazón, ha arrancado la parte de mí que me falta y se la ha llevado lejos de aquí.

Te has llevado la luz que alumbraba y en la oscuridad intento sobrevivir.

Aquel enjambre de avispas bajo tu ropa en el cajón se ha ido contigo. Y su zumbido ahora es silencio y vacío. Aquel sol que calentaba se ha ido.

Relámpagos de tormenta eléctrica, chocan como un juguete contra las ventanas cerradas. Mi cuerpo pesa como el cemento, tan acostumbrado a flotar por tu saliva.

Se ha esfumado cada gesto y cada guiño. Se ha evaporado cada momento y cada mirada. Y ahora ya no queda nada.

Siento frío, al toparse mis dedos en tu lado vacío de la cama. Busco un pedazo de tu cuerpo y un pedacito de aquellas mañanas. Donde estarán tus caricias, donde estarán tus besos, donde descansarán tus huesos… cuándo acabará este frío que me parte el alma.

Aquellas mariposas que revoloteaban alegres, se fueron contigo y ahora tan solo quedan moscas sobrevolando sin sentido la basura. Aquel nido de pájaros ha sido aniquilado por la soledad.

Se ha partido cada palabra y cada te quiero. Se han convertido en herida tus dedos en mi espalda. Y ahora ya no queda nada.

Las nubes se han apoderado de mis días y me han hecho perder el sentido del calendario. La noción del tiempo se ha descontrolado, mis ganas de comer y de reír.

Donde irán tus manías, donde irá tu voz, donde tu piel que me acariciaba.

Mis zapatos siguen caminando de esquina en esquina, buscando tus labios y tus manos. Donde estarán tus pasos, donde estará tu sombra, donde tu respiración… cuando acabará esta asfixia que me mata.

Parece que despeja afuera, mientras mi habitación es un tifón. Aquella fotografía sobre la mesita es ahora un tachón de dos desconocidos. Y en sus caras una sonrisa, y sobre ellas un pos-it con una definición.

Afuera el sol aparece de nuevo, tras siglos lejos de aquí. Penetra por el cristal de la ventana que sigue cerrada y regresa dando sentido a mi cuerpo congelado. Sé que tardará algunos meses aún, pero que poquito a poco su calor irá descongelando mi corazón.

Autor: Mario Alvarez

1 comentario:

Mario Álvarez dijo...

Hola, espero que el verano vaya bien. Lo del bloqueo es normal con este calor.

Un abrazo.